Mi madre respiró profundamente.
—Teníamos pagos atrasados. La hipoteca, el automóvil, los gastos escolares… No sabía cómo íbamos a salir adelante.
La observé sorprendida.
Nunca había sabido que nuestra situación había sido tan grave.
—Una tarde fui a recogerte a la escuela —continuó—. Llegué temprano y me quedé llorando dentro del automóvil.
Se secó las lágrimas.
—Entonces alguien tocó la ventanilla.
—¿Ethan?
Asintió.
—Estaba esperando a que su mamá terminara una reunión. Me vio llorar y se acercó.
Mi madre sonrió tristemente.
—Me preguntó si estaba enferma.
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