la primera decisión de aquella mañana de la que después me arrepentí.
Porque no me senté solamente para respetar lo que mi hija había pedido.
También me senté porque estaba aliviada de no tener que enfrentarme al director delante de todas aquellas familias.
Me avergüenza reconocerlo.
Pero es verdad.
Renata llevó la figura hasta una pared lateral.
La acomodó cuidadosamente para que no se cayera.
Después regresó a sentarse junto a mí.
No lloró.
No me tomó la mano.
No dijo una palabra.
La ceremonia comenzó.
Los alumnos pasaban al