detrás de nosotros.
El director elevó la voz.
—No voy a permitir semejante falta de respeto.
—No le estoy faltando al respeto.
—O deja ese cartón fuera del gimnasio o no participará en la ceremonia.
Sentí que el corazón me golpeaba.
—Señor director…
Comencé a levantarme.
Estaba a punto de discutir.
A punto de decirle que no podía humillar así a mi hija frente a todo el mundo.
Pero Renata volteó hacia mí.
No dijo nada.
Solamente negó suavemente con la cabeza.
Recordé mi promesa.
Me senté.
Y ésa fue