maestros podrían comenzar a verla como una alumna problemática.
Que otros estudiantes se molestarían con ella.
Que terminaría atrapada en un conflicto que, según yo, no le correspondía.
Así que le quité el papel de las manos.
—Dámelo.
—Pero mamá…
—No aquí.
Lo doblé y lo guardé en mi bolsa.
—Mañana lo entregamos en dirección, como debe ser.
Renata me miró.
—Es importante.
—Ya sé.
Y entonces dije una frase que tres años después todavía me persigue.
—No te metas en problemas que no son tuyos.
Mi hija bajó la