mirada.
—Está bien.
Aquella noche llegamos a casa.
Preparé la cena.
Revisé algunos pendientes del trabajo.
Y olvidé el documento.
Al día siguiente tenía muchas cosas que hacer.
Pensé que llamaría a la escuela más tarde.
No lo hice.
Llegó el fin de semana.
Después otra semana.
Y finalmente dejé de pensar en aquello.
Nunca le pregunté a Renata si había entregado otra copia.
Nunca llamé a la dirección.
Nunca pregunté qué había ocurrido con Emiliano.
Mi vida siguió.
La suya no.
Lo que yo no sabía era que aquella