amigos de los que se alejó.
Las oportunidades que desaparecieron.
Ni aquella ceremonia de graduación en la que debería haber estado junto a sus compañeros.
Una tarde hablé con la señora Ofelia.
Nos encontramos afuera de una tienda.
Le pregunté cómo estaba Emiliano.
—Trabajando —respondió.
—¿Está bien?
La mujer tardó en contestar.
—Está saliendo adelante.
Después añadió:
—Pero no crea que porque ahora un papel dice que era inocente,
PARTE5
todo vuelve a ser como antes.
Bajé la mirada.
—Lo sé.
Ofelia negó suavemente con la cabeza.
—No, señora. Creo