MI HIJA LLEVÓ UNA FIGURA DE CARTÓN DE TAMAÑO REAL A SU GRADUACIÓN Y MÁS DE DOSCIENTAS PERSONAS SE BURLARON DE ELLA.

conciencia.

Tiempo después conocí personalmente a Emiliano.

Renata lo invitó a comer.

Llegó con una camisa sencilla y las manos todavía marcadas por el trabajo en el taller.

Era un muchacho alto.

De sonrisa discreta.

Hablaba poco al principio.

Pero cuando comenzó a sentirse cómodo descubrí que tenía un sentido del humor extraordinario.

Nos hizo reír varias veces durante la comida.

Después ayudó a recoger los platos sin que nadie se lo pidiera.

Mientras lavábamos los vasos, le dije:

—Emiliano, quisiera pedirte perdón.

Él dejó un plato sobre la mesa.