Una semana después casi no podía mover las piernas. Me senté. —¿Y por eso desapareció? —Cuando llegó tu primera carta quería llevársela al hospital. Él me pidió que no. —¿Por qué? —Porque sabía que volverías. —Claro que habría vuelto. —Eso era lo que temía. Estaba convencido de que nunca caminaría otra vez. Me dijo: “Que me odie. El enojo pasa. La lástima puede durar toda la vida.” Sentí rabia. —No tenía derecho a decidir eso. —No. —Y tú tampoco. —No. —¿La nota de que iba a casarse la escribiste tú? —
# DESPUÉS DE 26 AÑOS, MI ESPOSO DIJO QUE NUNCA ME AMÓ Y QUE HABÍA OTRA MUJER; EN 10 MINUTOS EMPAQUÉ SU VIDA, LE PEDÍ LAS LLAVES Y SAQUÉ LA CARTA QUE LLEVABA 34 DÍAS OCULTANDO… SIN SABER QUE CAMBIARÍA TODO