quitaron la posibilidad de elegir. Amalia bajó la cabeza. —Sí. Debajo de mis cartas había decenas escritas por Mateo. —¿Por qué las guardaste? —Las escribió durante el hospital y la rehabilitación. Años después me pidió que las quemara. Le dije que lo había hecho. Solté una risa amarga. —Por una vez agradezco que mintieras. Pasé casi toda la noche leyendo. En una carta Mateo decía que había logrado mover el dedo gordo del pie y había llorado hasta asustar a una enfermera. Otra tenía solo 3 líneas: “Hoy di 2
# DESPUÉS DE 26 AÑOS, MI ESPOSO DIJO QUE NUNCA ME AMÓ Y QUE HABÍA OTRA MUJER; EN 10 MINUTOS EMPAQUÉ SU VIDA, LE PEDÍ LAS LLAVES Y SAQUÉ LA CARTA QUE LLEVABA 34 DÍAS OCULTANDO… SIN SABER QUE CAMBIARÍA TODO