Mi esposo quemó mi único vestido decente; no imaginó que yo era la dueña de la fiesta

leyendo en la siguiente página)
Me di media vuelta con elegancia hacia mi director general:

—Señor Blackwood.

—A sus órdenes, señora Vaughn —respondió Harrison de inmediato.

—Destituya a este hombre de su cargo con efecto fulminante. Revoque sus accesos a las instalaciones, confisque el vehículo corporativo y asegúrese de que su nombre quede vetado en todas las filiales y cámaras de comercio del país.

Adrián levantó la mirada descompuesta, presa del pánico:

—¡No, Clara, por favor! ¡Si haces eso lo pierdo todo! ¡Tengo deudas, me quedaré en la calle!

Continué