densa mezcla de perfumes franceses, flores frescas y copas de champaña burbujeante. Las risas estudiadas, el tintineo constante de las copas de cristal y las negociaciones en voz baja ocupaban cada rincón del salón.
En el centro del lugar se encontraba Adrián Cole, vestido con un esmoquin negro confeccionado a la medida y una copa de champaña en la mano.
Aferrada a su brazo estaba Vanessa Blake, vestida de satén rojo, exhibiéndose ante los invitados como si fuera la verdadera señora de la casa.
—¡Felicidades, Adrián! —le dijo uno de