Al salir de maternidad con mi bebé, descubrí que mi suegra y mis cuñadas ocupaban todos los asientos de mi coche, convertido en un supuesto regalo de boda. «Ahora lo necesita mi hermana, así que busca un taxi», dijo mi marido. No levanté la voz. Solo miré a mi padre, que acababa de llegar con unos documentos capaces de revelar quién era realmente su misterioso jefe.

Vas a hacernos gastar dinero teniendo uno en la familia?

—Mercedes, lo tengo yo. No toda la familia.

Aquella conversación acabó mal. Álvaro me reprochó que fuera tan inflexible y Daniela publicó finalmente sus fotografías junto a un vehículo de lujo que habían conseguido de alquiler. En las redes escribió que era un regalo de su prometido.

Lo preocupante no era aquella mentira, sino la facilidad con la que todos la aceptaban.

Poco después me quedé embarazada. Pensé que la llegada de nuestra hija cambiaría las cosas, especialmente porque Álvaro