PARTE I
—¿Pero dónde demonios piensas sentarte? ¿No ves que el coche está lleno? ¡Deja de montar un espectáculo, Clara!
Mi marido me gritó aquello desde la ventanilla del conductor, delante de medio hospital, mientras yo sostenía a nuestra hija recién nacida contra mi pecho. Hacía apenas tres días que había dado a luz. Todavía me dolía el cuerpo al caminar y llevaba dos noches durmiendo a ratos, pero lo que ocurrió aquella mañana me dejó más helada que cualquier dolor.
Mi suegra, Mercedes, ocupaba el asiento del copiloto. Mi