invitaba.
La confianza creció con el tiempo, no con una sola disculpa dramática.
Meses después, digitalicé todas las grabaciones y guardé copias en tres sitios distintos, porque perder a papá dos veces me parecía impensable.
Mantuve los mensajes personales en privado, pero doné varias grabaciones más generales al proyecto de historia oral de nuestro pueblo para su conservación y estudio.
También empecé a grabar mensajes para ellos.
Trataban sobre la crianza de los hijos, el duelo, el apoyo a la comunidad y cómo ayudar a la gente sin exigir gratitud