la puerta.
—Evelyn —me llamó—. Adrian te salvó la vida. Le debes todo.
Me detuve.
Durante años aquella frase me había mantenido prisionera.
Adrian me salvó.
Adrian te dio un apellido.
Adrian te convirtió en alguien.
Nunca mencionaban que, cuando lo conocí, él apenas controlaba tres rutas comerciales y estaba rodeado de enemigos.
Tampoco recordaban quién había negociado la paz entre las familias rivales, quién había rescatado sus cuentas cuando sus socios quisieron arruinarlo ni quién había sacrificado sus propios contactos para construir el imperio Blackwood.
Me volví hacia ella.