—Su hijo me salvó de una bala, señora Blackwood. Yo lo salvé de perderlo todo. Nuestra deuda quedó saldada hace mucho.
Salí sin despedirme.
Daniel me esperaba junto al coche.
—¿Ha terminado, señora?
Contemplé la mansión por última vez.
—Sí. Vamos al aeropuerto.
—¿Y el señor Blackwood?
—A partir de hoy, deja de existir para mí.
Adrian me llamó diecisiete veces aquella noche.
No respondí.
La primera nota de voz llegó cuando estaba facturando mi equipaje.
—Evelyn, mi madre dice que has vuelto a hablar de divorcio. Deja de avergonzarnos.