—Algunos días.
Adrian cerró los ojos.
—Nunca debí permitir aquello.
—No lo permitiste, Adrian. Lo ordenaste.
La diferencia lo hizo palidecer.
—Yo creía que los cuidadores habían retirado los animales peligrosos.
—¿Y eso habría convertido tu decisión en algo aceptable?
No respondió.
Continué:
—Me arrojaste a un agujero para divertir a otra mujer. Lo que había dentro no cambia lo que hiciste.
Sus hombros se hundieron.
—Sophie me dijo que habías intentado matarla.
—¿Y la creíste?
—En aquel momento…
—La creíste —repetí—. Igual que creíste que mi padre no merecía