registro de transferencia.
Siete años antes, pocos días después de mi ingreso hospitalario, una empresa vinculada a Sophie había recibido una suma considerable de dinero.
El origen de los fondos era una cuenta corporativa de Adrian.
—¿Él financió todo esto? —pregunté.
—Todavía no podemos asegurarlo. Pero autorizó el pago.
Miré durante largo rato la firma digital.
Adrian Blackwood.
El mismo hombre que acababa de decirme que ignoraba las verdaderas intenciones de Sophie.
Aquella noche comprendí que el pasado todavía guardaba una última mentira.
Al día siguiente solicité una segunda reunión.