y un pequeño cuaderno.
Mi padre nunca había escondido allí los derechos mineros.
Había guardado algo mucho más personal.
Una carta dirigida a mí.
La abrí con las manos temblorosas.
«Mi querida Evelyn:
Si algún día lees estas palabras, espero que hayas encontrado una vida que te haga feliz.
He pasado tantos años intentando protegerte de los peligros del mundo que a veces temo haberte enseñado a desconfiar de todos.
No quiero eso para ti.
Quiero que ames. Que te equivoques. Que vuelvas a empezar cuantas veces sea necesario.
Pero