yo quien convirtió en miedo el amor que me ofrecías.
No volveré a buscarte.
Espero que seas feliz.
Adrian».
Leí la carta dos veces.
Después la guardé con los documentos archivados del divorcio.
No la rompí.
Tampoco lloré.
Algunas historias no necesitan ser destruidas para quedar definitivamente atrás.
10. El lugar al que siempre pertenecí
Un año después inauguramos la primera fase del nuevo complejo industrial.
El evento reunió a empleados, representantes locales e inversores de distintos países.
Jonathan, ya retirado de la dirección, observaba satisfecho desde la primera fila.