Daniel seguía trabajando a mi lado.
Antes del discurso, visité la tumba de mi padre.
Habíamos recuperado sus cenizas y restaurado su lugar de descanso. La pequeña lápida estaba rodeada de flores blancas.
Me arrodillé y limpié una hoja seca que había caído sobre su nombre.
—Papá, lo conseguimos.
El viento movió suavemente las ramas.
Saqué del bolso la carta que había encontrado en la caja de madera.
La llevaba conmigo cada vez que tenía que tomar una decisión importante.
—Durante mucho tiempo pensé que para ser fuerte debía convertirme