cualquiera de nosotros.
Los aplausos llenaron el recinto.
Al terminar la ceremonia, Daniel se acercó con una expresión curiosa.
—Hay alguien que quiere verla.
Por un instante pensé en Adrian.
Pero Daniel añadió:
—Una niña de unos diez años. Dice que necesita hacerle una pregunta.
La pequeña me esperaba junto a su madre, una de las ingenieras del proyecto.
Tenía un cuaderno entre las manos.
—Señora Carter —dijo tímidamente—, mi mamá dice que usted empezó de nuevo cuando todos pensaban que no podría hacerlo.
Me agaché para quedar a su