la vida.
Cada palabra dolía.
—También dijiste que Renata iba a convertirse en nuestra nueva mamá.
Sofía agregó:
—Y que teníamos que portarnos mejor.
Me cubrí la cara.
Yo había fallado.
No por falta de dinero.
No porque estuviera lejos.
Había fallado porque mis hijas habían hablado y yo había decidido no escuchar.
Sentí unas pequeñas manos apartándome