Mi suegra me afeitó la cabeza mientras dormía

finalmente—. Pero tienes que admitir que tú provocaste esto.

Mariana sintió que algo dentro de ella se detenía.

—¿Perdón?

—Ya no cocinas.

Llegas tarde.

Solo piensas en tu trabajo.

Te importa más esa empresa que tu familia.

Eleanor cruzó los brazos.

Mariana esperó una corrección.

Una broma.

Cualquier señal de que había escuchado mal.

No llegó.

—¿Me estás diciendo que esto está bien?

Daniel miró la franja afeitada.

Luego se encogió de hombros.

—El cabello vuelve a crecer.

Aquella frase golpeó más fuerte que las máquinas.

El cabello vuelve a