crecer.
Como si la dignidad fuera cabello.
Como si la humillación pudiera medirse en centímetros.
Como si una persona pudiera ser atacada mientras duerme y simplemente olvidarlo semanas después.
Mariana permaneció inmóvil.
Entonces Eleanor habló.
—Mañana presentarás tu renuncia.
Mariana giró lentamente la cabeza.
—¿Qué?
—Renunciarás.
Después aprenderás a ser una esposa de verdad.
Te levantarás a las cinco.
Harás las compras.
Prepararás el desayuno de Daniel.
En esta casa, el esposo va primero.
La habitación quedó en silencio.
Pero no era un silencio vacío.
Era el silencio de tres