nombre.
El vehículo está a mi nombre.
Cada frase parecía golpearlo físicamente.
—No…
—Sí.
Pasó otra página.
—Y desde esta mañana he cancelado toda autorización secundaria.
El rostro de Daniel perdió color.
—No puedes hacer eso.
Mariana levantó una ceja.
—Claro que puedo.
Soy la titular.
***
Durante años, Daniel había confundido acceso con propiedad.
Porque usaba las cosas.
Porque vivía rodeado de ellas.
Porque nunca había tenido que preguntarse quién las pagaba.
Y ahora estaba descubriendo la diferencia.
—Mariana…
Por primera vez sonó nervioso.
—Mamá necesita sus medicamentos.
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