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—Entonces puedes comprárselos.
—No tengo ese dinero disponible ahora mismo.
Aquello casi la hizo reír.
Porque finalmente había dicho la verdad.
No tenía ese dinero.
Nunca lo había tenido.
Siempre había sido ella.
***
Daniel se dejó caer en una silla.
—Estás exagerando.
—¿En serio?
—Mamá cometió un error.
—Me afeitó la cabeza mientras dormía.
—Ya te disculpará.
Mariana lo observó.
Largamente.
—No entiendes nada.
—Claro que entiendo.
—No.
Sacudió la cabeza.
—Tú crees que el problema es el cabello.
Pero el problema es que ninguno de los