dos pensó que habría consecuencias.
El silencio cayó entre ellos.
Pesado.
Incómodo.
Inevitable.
***
Entonces Mariana deslizó un último documento sobre la mesa.
Daniel lo tomó.
Lo leyó.
Y palideció.
Era una solicitud formal de separación.
Firmada.
Preparada.
Lista para presentarse.
—¿Hablas en serio?
La voz le tembló.
—Completamente.
—¿Por esto?
—No.
Mariana sonrió.
Una sonrisa tranquila.
—Por tres años.
Tres años de esto.
***
Daniel parecía incapaz de respirar.
—No puedes destruir una familia así.
La respuesta llegó de inmediato.
—Yo no la destruí.
La destruyeron anoche.
Cuando decidieron que podían