miedo había sido perderme.
Durante las semanas siguientes me sometí a los exámenes médicos necesarios. Los doctores evaluaron mi salud, hablaron conmigo sobre las diferentes opciones de tratamiento y me explicaron qué cambios tendría que realizar.
Después de pensarlo detenidamente, decidí operarme.
No para resultar más atractiva a los ojos de mi marido.
No porque tuviera miedo de lo que pensaran los demás.
Sino porque yo misma quería moverme con mayor libertad, salir a caminar y volver a disfrutar de una vida que se había ido limitando poco a poco