Después de 20 años sin ver, mi esposo me suplicó que cancelara la cirugía que podía devolverme la vista. “Por favor, no lo hagas”, repetía, aunque nuestros 2 hijos soñaban con que pudiera verlos. No discutí y entré al quirófano. Cuando me quitaron las vendas y miré su rostro por primera vez, reconocí una cicatriz que me devolvió al peor día de mi infancia.

descubrí.

Mauricio cerró los ojos.

—Entonces también encontraste la libreta.

—Encontré todo.

Elena puso sobre la mesa la copia del poder notarial.

—Incluso esto.

Mauricio miró el documento.

Pero, en lugar de defenderse, tomó su teléfono.

—Hay algo que necesitas saber antes de seguir pensando lo peor.

Marcó un número.

—¿A quién llamas?

—A la Notaría 18.

Elena sintió que el estómago se le hundía.

Mauricio activó el altavoz.

Una mujer respondió.

Después de identificarse, Mauricio dijo:

—Soy Mauricio Álvarez.

Quiero confirmar si ya está listo el trámite que inicié