pienso que quizá Elena estaría mejor sin mí”.
A las 18:22, Elena escuchó las llaves.
Mauricio entró.
—¿Amor?
Elena estaba sentada en la sala.
La maleta permanecía abierta sobre la mesa.
Mauricio se quedó inmóvil.
—¿Dónde encontraste eso?
—Debajo de nuestra cama.
Su rostro perdió el color.
Elena levantó los documentos.
—¿Ibas a divorciarte de mí?
—Elena…
—¿Ibas a marcharte mientras tu esposa ciega esperaba que regresaras del trabajo?
Mauricio se sentó lentamente.
—Déjame explicarlo.
—Empieza por Jimena.
Mauricio parpadeó.
—¿Jimena?
—No me mientas.
—Es mi terapeuta.
—Ya lo