Después de 20 años sin ver, mi esposo me suplicó que cancelara la cirugía que podía devolverme la vista. “Por favor, no lo hagas”, repetía, aunque nuestros 2 hijos soñaban con que pudiera verlos. No discutí y entré al quirófano. Cuando me quitaron las vendas y miré su rostro por primera vez, reconocí una cicatriz que me devolvió al peor día de mi infancia.

Aquella noche buscó información sobre separación y divorcio.

Descargó un formato.

Lo imprimió.

Nunca escribió nombres.

Nunca firmó nada.

Nunca presentó una solicitud ante un juzgado familiar.

—Entonces ¿por qué lo guardaste?

—Porque Jimena me pidió llevar a terapia las cosas que me daban vergüenza.

Mauricio señaló la libreta.

—Los papeles eran una de ellas.

—¿Y la maleta?

Aquello le costó más.

—La preparé ayer.

Elena sintió un golpe en el pecho.

—Entonces sí pensabas irte.

—Pensaba dormir 2 noches en casa de mi hermano.

—Sin decírmelo.

—Después de nuestra