admitir que cuidar de ti me estaba superando.
Elena endureció el rostro.
—Ahí está.
—No, escucha.
Él se inclinó hacia adelante.
—No estaba cansado de ti.
Estaba cansado de tener miedo todo el tiempo.
Miedo de que cayeras.
Miedo de que olvidara una cita.
Miedo de que algo te pasara mientras yo estaba trabajando.
Miedo de que nunca volvieras a ver.
Y cuanto más miedo sentía, más intentaba controlar todo.
La voz se le quebró.
—Hasta que terminé tratándote como si fueras incapaz de hacer cualquier cosa sola.
Elena miró