Mauricio estuvo allí desde el primer día.
La ayudó a bañarse cuando todavía no podía mantenerse de pie.
Aprendió a acomodar su ropa para que pudiera identificarla al tacto.
Puso pequeñas marcas en los frascos de la cocina, retiró muebles con los que podía tropezar y durante meses ajustó sus horarios para llevarla a rehabilitación.
Elena llegó a pensar que jamás habría soportado aquel infierno sin él.
Pero después del primer año, Mauricio comenzó a cambiar.
Llegaba cansado.
Contestaba con frases cortas.
Suspiraba cuando Elena le pedía ayuda para encontrar