Al llegar a mi oficina para cerrar un negocio millonario, vi a un niño de nueve años abrazándose para soportar el frío. “¿Puedo quedarme aquí hasta encontrar a alguien?”, me preguntó. Lo dejé entrar y mi hermana se encargó de ayudar. Poco después, descubrimos que había visto una cámara escondida entre las hojas de una planta. Ordené revisar los registros sin avisar a nadie, pero cuando descubrió las visitas nocturnas, reconocí un nombre que nunca habría querido encontrar.

para transmitir audio y video. Además, los registros de actividad coincidían con varias negociaciones que la empresa había perdido.

Alguien llevaba meses escuchándolos.

Pero aquella no fue la única noticia inesperada.

Laura, hermana menor de Héctor, apareció en su oficina.

—Ya averiguaron quién es el niño.

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Mateo Villegas tenía nueve años. Su madre, Rosa, había fallecido hacía pocas semanas. Como no había un padre reconocido legalmente, una vecina anciana lo había cuidado mientras las autoridades buscaban