Al llegar a mi oficina para cerrar un negocio millonario, vi a un niño de nueve años abrazándose para soportar el frío. “¿Puedo quedarme aquí hasta encontrar a alguien?”, me preguntó. Lo dejé entrar y mi hermana se encargó de ayudar. Poco después, descubrimos que había visto una cámara escondida entre las hojas de una planta. Ordené revisar los registros sin avisar a nadie, pero cuando descubrió las visitas nocturnas, reconocí un nombre que nunca habría querido encontrar.

la noche anterior a la instalación probable de aquella cámara.

PARTE 2

A la mañana siguiente, Héctor llegó antes que todos.

La cámara seguía escondida entre las hojas del ficus.

—No podemos acusar a Daniel únicamente por los registros —advirtió Ramiro—. Necesitamos comprobar que la información llega a Barragán.

—¿Y cómo piensas hacerlo?

—Dándole algo que no sea verdad.

Organizaron una reunión ficticia para discutir una supuesta compra de maquinaria a Ricardo Valdés, un proveedor con quien Héctor mantenía una relación de muchos años.

Ricardo conocía el plan y había