abría bajo mis pies.
Durante tres años había sobrevivido imaginando a mi padre esperándome.
Y ahora ella me lo decía como quien informa que tiró un mueble viejo.
—¿Nadie me avisó?
Mi voz sonó rota, desconocida.
—¿Nadie intentó que pudiera verlo una última vez?
Una sonrisa leve, casi imperceptible, apareció en su rostro.
—Finnley, estabas preso por robar en la empresa de tu propio padre. ¿De verdad crees que Camden quería verte en su funeral?
Tragué saliva.
—Yo no robé nada.
—Eso dijiste en el juicio. Nadie te creyó.
Intenté