mesa.
—También bien.
Mi papá guardó silencio un momento.
—Quería decirte algo.
—¿Qué?
—Lo de Cancún estuvo mal.
No respondí.
—No debí decir que tus hijos eran un gasto.
Sentí que esa frase llevaba años esperando salir.
—Son mis nietos —continuó—. Y debí recordarlo antes de hablar de dinero.
No necesitaba una disculpa perfecta.
Solo necesitaba que reconociera lo que había pasado.
—Gracias, papá.
—¿Sabes qué fue lo que más me hizo pensar?
—¿Qué?
—Que tú no nos pediste nada.
Miré a mis hijos.
—Nunca quise que ellos aprendieran que