padres también cambiaron conmigo.
No dejaron de querer a Alejandro.
Tampoco empezaron a tratarme como la hija favorita.
Simplemente dejaron de asumir que yo siempre podía arreglármelas sola.
Y empezaron a preguntarme cómo estaba antes de preguntarme qué podía hacer por los demás.
Una noche, varios meses después, mi papá me llamó.
Pensé que volvería a hablarme de la deuda.
No fue así.
—¿Cómo están Sofía y Mateo?
Sonreí.
—Bien.
—¿Y tú?
Miré hacia la sala.
Sofía estaba
haciendo tarea y Mateo armaba algo con piezas de construcción sobre la