medir mi vida con la regla de nadie más.
Pero sí había una diferencia que ya no podía ignorar.
A mí siempre me habían dicho que debía arreglármelas sola.
A Alejandro siempre le habían dicho que
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la familia estaría ahí.
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Y ahora la familia estaba llamando a mi puerta.
—¿Qué hizo? —pregunté.
—No es tan sencillo.
—Entonces explícamelo.
Mi papá respiró profundamente.
Me contó que la deuda no había aparecido de un día para otro.
Durante meses habían intentado cubrir pagos que Alejandro