terapeuta infantil de renombre había logrado derribar ese muro.
Aquella tarde, una llamada cancelada me permitió llegar a la puerta del colegio cuarenta minutos antes de lo habitual. Esperaba encontrar el patio desierto y a mi hija sentada en el vestíbulo bajo la mirada distante del personal de vigilancia.
Pero cuando el auto negro se aproximó a la acera exterior, vi una escena que me paralizó por completo.
Sophie no estaba en el patio.
Estaba sentada al borde de la banqueta pública, sobre el concreto frío, junto a una adolescente