comida.
Con el corazón roto, Walter decidió que debía ayudarla.
Empezó a comprar comestibles, abrigos, ropa para los niños y material escolar. Cuando se le acabaron los ahorros, vendió su viejo reloj y otras pertenencias. Finalmente, desesperado por seguir ayudándolos, tomó la terrible decisión de robar en una tienda local.
Cuando el juez le preguntó por qué lo había hecho, Walter susurró finalmente:
—Sabía que estaba mal, señoría. Pero no podía dejar de pensar en que a esos niños les faltaba de todo.
Me levanté y lo expliqué todo. También