nota de Maya contra mi pecho, mientras las lágrimas caían sobre las palabras que ella había escrito con tanto amor.
Nunca recuperaría esos siete años.
Nunca volvería a escuchar su risa ni la vería crecer.
Pero, por primera vez en años, supe algo con certeza.
La voz de Maya, por fin, había sido escuchada.
Y dedicaría el resto de mi vida aasegurarme de que el mundo conociera su historia.asegurarme de que el mundo conociera su historia.