encargué a espaldas del consejo: un terreno baldío lleno de maleza salina y tuberías oxidadas sin instalar.
La discrepancia total alcanzaba los catorce millones de euros.
Catorce millones que el consorcio bancario había desembolsado creyendo que la obra civil avanzaba conforme al cronograma de ingeniería.
¿Y quién figuraba como avalista solidaria de esa línea de crédito de catorce millones?
Yo.
Elena Morales.
Mis ojos se posaron en la copia de mi propia firma en la última página de la póliza de afianzamiento bancario.
Había estampado esa rúbrica una madrugada de