lo puso sobre la mesa.
—Primero explícame por qué me dijiste que estabas en Chapala cuidando a tu tía.
Fernanda abrió la boca, pero no salió ningún sonido.
Ricardo deslizó la pantalla.
—Y luego explícame esto. Mientras venía, revisé la cuenta compartida de la reservación que pagaste con nuestra tarjeta.
Teresa parpadeó. Daniel levantó la cabeza.
—“Dos noches, habitación para dos personas, llegada el domingo” —leyó Ricardo.
Daniel se levantó de golpe.
—¿Hotel?
—¡No era para nosotros! —protestó Fernanda—. Yo solo quería hablar contigo, Daniel. Saber si todavía sentías algo.