cosa.
Había ocultado todo.
—¿Por qué no me enseñaste esto desde el principio? —pregunté.
Daniel tragó saliva.
—Porque sabía que te ibas a enojar con mi mamá. Pensé que si ignoraba a Fernanda se iba a cansar.
—Tu solución a un incendio fue cerrar los ojos.
Teresa intervino.
—Bueno, ya quedó claro que mi hijo no hizo nada.
—No. Quedó claro que no engañó a nadie. Eso no significa que no haya hecho nada.
Ricardo volvió hacia Fernanda.
—Yo te creí cuando dijiste que necesitabas tiempo. Te pagué el viaje,