negociación, sino como hija.
—Mamá… —susurré.
Ella no me miró.
Seguía mirando a la familia de Marina.
—Carmen, desde hace tres meses mi familia ha tratado a su hija con respeto. Reservamos el hotel que ustedes pidieron. Aceptamos aumentar mesas porque ustedes querían invitar parientes lejanos. Compramos joyas, preparamos regalos, organizamos todo pensando en que Marina está embarazada y no queríamos que se sintiera menospreciada.
Su voz seguía igual de suave.
—Pero respetar a su hija no significa vender a la mía.
Diego soltó una risa burlona, aunque ya no