Mi cuñada embarazada se negó a bajar del auto nupcial hasta que le diera mi apartamento a su hermano

sonaba tan seguro.

—Señora, no exagere. Nadie está vendiendo a nadie. Solo estamos hablando de una casa.

Mi madre lo miró.

—Una casa que no es tuya.

—Pero es de su familia.

—No. Es de Elena.

Diego se encogió de hombros.

—¿Y Elena no es parte de su familia?

Mi madre sonrió.

No fue una sonrisa amable.

—Precisamente porque es mi familia, no permitiré que la roben en mi puerta.

La palabra robó el aire.

Robar.

Hasta ese momento, todos usaban frases suaves.

“Condición.”

“Petición.”

“Consideración.”

“Prueba de sinceridad.”

Mi