Parte 1
—Señor, ¿podría ser mi papá solamente hasta que digan mi nombre?
Alejandro Montenegro se detuvo frente a la entrada de una escuela primaria de Guadalajara.
La niña que acababa de hablarle tendría unos 7 años.
Llevaba un vestido blanco, zapatos ligeramente gastados y un moño azul en el cabello.
Entre sus manos sostenía un programa escolar doblado tantas veces que las esquinas estaban arrugadas.
Detrás de Alejandro, 2 guardaespaldas esperaban junto a una camioneta negra.
A sus 46 años, Alejandro dirigía Montenegro Logística, una de las empresas de