sucesorio quedaba transferida, de manera permanente, a un grupo operativo federal especializado que aguardaba mis órdenes.
El departamento de policía local dejaría de tener cualquier participación activa en el procesamiento de los sospechosos implicados en esta trama de extorsión.
Acto seguido, abrí un compartimento oculto en mi ropa y extraje un disco duro externo, fuertemente cifrado, que contenía el resultado final de mi arduo trabajo encubierto.
Deslicé el pequeño dispositivo negro sobre la mesa, explicando que en él se encontraba toda la evidencia irrefutable necesaria para desmantelar por completo su